Inolvidable será lo vivido anoche en el Movistar Arena con la nueva visita de Helloween a Chile. La consagrada banda alemana, considerada los padres del power metal mundial, desplegaron un extenso y potente concierto, despachando himno tras himno ante un recinto repleto y un público entregado.

Todo comenzaba a las 7 de la tarde, cuando los nacionales Enigma abrían los fuegos de la maratónica jornada. Con más de 30 años de carrera y 3 discos editados, entregaron talento, carisma y potencia en su show de apertura, marcado por la gran voz del cantante Nelson Montenegro y la guitarra del también conocido como Periodista, Álvaro Paci.

 

 

A las 20 horas en punto, tal como estaba anunciado, ingresó Hammerfall. La destacada banda europea, conocida como el acero sueco del metal y liderada por el cantante Joakin Cans y el guitarrista Oscar Dronjak, mantuvieron al público arriba, regalando clásicos durante una hora.

La banda, que vino a presentar su más reciente producción “Hammer of Down” editada éste año, interpretó temas como Brotherhood, Last Man Standing, Let The Hammerfall, Hammer High, Hearts of Fire y más, acompañados por la soberbia voz y simpatía de Cans, conquistaron al público que no dejó de corear sus canciones y premió su desplante y entrega en escena, demostrando que fueron una excelente elección para acompañar la gira.

 

 

Ya a las 21:30 ingresó al escenario Helloween. La banda en Chile juega de local y lo sabe. Vez que vienen es lleno total, más aún con sus tours de reunión. Con un carismático y divertido Andi Deris, quien conversaba con la audiencia en un perfecto español, y acompañado en voz por el sublime Michael Kiske, la agrupación germana, que presentó en el país su gira “United Forces Tour 2022”, fue sencillamente una aplanadora.

Clásicos como “Eagle Fly Free”, “Future World”, la hermosa balada “Forever and One”, “Keepers of the Seven Keys” y el magnánimo cierre con el himno máximo y más reconocible de la banda: “I Want Out”, mostraron una banda en excelente nivel vocal y de ejecución, plenamente vigente y que se muestra en escena como el buen vino: mientras más pasan los años, más acoplados y afiatados están.

 

 

Excelente además fue su  puesta en escena, con pasarela incluida donde los músicos transitaban para acercarse más aún y sus preciosas visuales, que mantenían el interés durante cada canción.

En prácticamente 2 horas de extensión, las calabazas alemanas cerraron una jornada metalera de antología, de esas que quienes tuvieron el privilegio de asistir recordarán con cariño el resto de sus vidas. Épico.