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Hablan los directores Eric Toledano y Olivier Nakache: "La Fiesta de la Vida".


Fecha de estreno: 14 de Diciembre.

"Los autores de "Amigos Intocables" vuelven a hacernos reír, sonreír, y pasarlo muy bien (...) muy recomendable."
Carlos Pumares, Diario La Razón.

"Efervescente y divertida (...) Es una obra elaborada con maestría, interpretada con brusquedad y muy entretenida (...) Una comedia extensa e hilarante"
Boyd van Hoeij, The Hollywood Reporter.

"Una comedia construida de forma clásica que sigue con orgullo los pasos de los grandes"
Fionnuala Halligan, Screendaily.

Esta divertida comedia francesa, éxito de taquilla en Francia se estrena en nuestro país este próximo 14 de Diciembre, la película narra un día en la vida de Max quien ha trabajado en servicio de banquetes desde hace 30 años, ha organizado cientos de fiestas, y se encuentra incluso un poco al final de su carrera. Ahora le toca un sublime matrimonio en un castillo del siglo 17, uno de muchos, el de Pierre y Héléna. Como de costumbre, Max ha coordinado todo: ha reclutado su brigada de meseros, de cocineros, de lavaplatos, ha sugerido un fotógrafo, reservado la orquesta, arreglado la decoración floral, en resumen todos los ingredientes son reunidos para que esta fiesta sea todo un éxito... Pero las desgracias nunca vienen solas y transformarán la planeación en el que cada momento de felicidad y de emoción se arriesga a transformarse en desastre o en caos.
Con los preparativos hasta el alba, viviremos tras bastidores esta tarde a través de la mirada de aquellos que trabajan y que deberán contar en su única cualidad en común: El sentido de la fiesta.

ERIC TOLEDANO & OLIVIER NAKACHE

¿En qué momento le llegó la idea de La Fiesta de la fiesta?
Éric Tolédano: Esta película nace en el contexto muy pesado del año 2015.
Olivier y yo, estábamos tal vez un poco tristes y la necesidad de ir hacia algo más festivo se llegaba a sentir. El objetivo era reír, disfrutar y a la vez describir las rarezas de la sociedad en la cual vivimos. Y estas ganas nacieron en conjunto con la de ofrecer el papel principal a Jean-Pierre Bacri...
Olivier Nakache: De manera más anecdótica, debo decir también que la idea de una película nace a menudo en la filmación precedente ya que la emulación hace emerger las ideas. Ahora bien, la primera escena de Samba pasaba durante una boda: un largo plano-secuencia nos llevaba del salón tras bastidores. Era un buen resumen de lo que teníamos ganas de hacer.

¿Procede usted siempre de la misma manera para escribir?
Olivier Nakache: En general, sí. Durante doce o dieciocho meses, se realiza primero un trabajo de encuesta sobre el tema elegido. Para esta película, reunimos nuestros recuerdos ya que en una época de vacas flacas, para financiar nuestros cortometrajes, Éric y yo ejercimos juntos todo un montón de trabajos en el medio de la fiesta entre los cuales se encontraba el de mesero en bodas. Hemos vivido pues en estos bastidores, sentido la presión de este oficio y recolectado muchas anécdotas sobre el tema. Pero en el curso de la escritura, quisimos sumergirnos en las brigadas de meseros actuales, con el fin de ver cómo todas estas personas trabajan bajo la sombra para lograr acontecimientos extraordinarios. Es en el curso de estas peregrinaciones que hemos comenzado a dibujar a nuestros personajes.
Éric Tolédano: La mayoría de las veces, ponemos todas nuestras ideas sobre la mesa, las reportamos sobre un pizarrón y después las organizamos en secuencia que nos repartimos para la escritura. Como nuestras dos computadoras están frente a frente y somos cada uno el primer espectador del otro, nos las enviamos en seguida mutuamente para probarlos. Pero esta vez, era un poco atípico ya que una tercera persona entró a nuestra banda: Jean-Pierre Bacri. Como él también es guionista, rápidamente nos propuso sus servicios. Por lo tanto se nos ofreció el lujo de tener su opinión sobre las diferentes versiones del guion, probar las escenas y las réplicas en el momento en el que se escriben. Era un sueño ya que teniendo su música en nuestros oídos, regresábamos a trabajar con mucha energía.

¿Por qué razones soñaban ustedes dirigir a Jean-Pierre Bacri?
Éric Tolédano: Simplemente porque ante nuestros, ¡ojos él es uno de los más grandes actores franceses! Siempre nos ha impresionado por la precisión de su actuación, su ritmo y su forma de hacer su entrada. Con él, siempre es preciso. Recuerdo una escena en la que él estaba al teléfono; era impresionante como se le creía. Los demás actores lo observaban como si quisieran aprender de él.
Olivier Nakache: Y además, si lo piensas, Bacri se encuentra en el punto de encuentro de todo lo que uno ama del cine: se siente igual de cómodo y es igual de creíble en películas de autor como en comedias más populares como Didier. Él cultiva su rareza y cuando acepta un proyecto, lo asume plenamente. Es un personaje entero del cual amamos su modo de funcionamiento. Entre Gérard Depardieu (Je préfère qu"on reste amis), Francois Cluzet (Intouchables) y él, hemos tenido la oportunidad de dirigir a grandes actores.

¿En qué forma fue una boda el tema de inspiración?
Éric Tolédano: Es un acontecimiento en el que cada detalle es puesto en escena. Hay todo como una obra de teatro: un público, vestuarios reglamentarios y papeles distribuidos (los testigos, los padres, los amigos...). La pesada organización que implica esta fiesta provoca inevitablemente un estrés, una tensión, una mezcla de emociones y es un momento que concentra forzosamente intereses familiares. Ya que es un contexto que todo el mundo conoce y al cual uno se alegra en regresar, es una decoración ideal. Pero el partido que nosotros tomamos era la de observar esta tarde a través del prisma y la mirada de aquellos que trabajan, aquellos para quienes es un día común. La confrontación, el desajuste alimentan forzosamente las escenas de comedia.

Se siente una verdadera filiación con su segunda película, Nos jours heureux. ¿La han pensado ustedes desde la escritura?
Olivier Nakache: El vínculo se hizo poco a poco. Como en Nos jours heureux, hay un lugar único, una temporalidad, un equipo de animadores y de participantes. También está Jean-Paul Rouve y unas verdaderas ganas de comedia. En este sentido, podríamos decir que es un poco como <> de los grandes.
Éric Tolédano: <> es una película que ha cristalizado una nostalgia de la infancia. ¿Es debido a que Olivier y yo nos conocimos en un campamento de vacaciones que a menudo hacemos referencia a esto en nuestras películas? Es en todo caso lo que nos permite existir porque el cine es ante todo una cuestión de equipo: nos conocemos y reunimos, vivimos momentos fuertes, nos conectamos y después nos dejamos... para encontrarnos después en otros proyectos.

¿Tienen ustedes en mente referencias cinematográficas?
Olivier Nakache: Sí, varios y sobre todo Garcon!, de Claude Sautet. De manera general la filmografía de Sautet nos habla enormemente. Esta película nos ha inspirado tanto por los movimientos efectuados de la cocina al salón; muestra cómo pasamos de un universo al otro en un plano y cómo describir mejor las relaciones entre meseros que forman la brigada de este bar-restaurante francés. Y en Sautet, todo es colocado de una cierta forma para que el espectador pueda entrar inmediatamente en la historia.
Éric Tolédano: Les Nouveaux sauvages, de Damián Szifrón, ha sido también una referencia ya que esta película es como una radiografía de la sociedad argentina actual. Estábamos en plena escritura cuando descubrimos la película.
Olivier Nakache: Y cuando vimos el último sketch, uno de los más brillantes, comprendimos que estábamos definitivamente en la misma aspiración, ya que a través de una reunión organizada por inútiles que <>, El sentido de la fiesta cuenta un poco el espejo de la Francia actual.

¿Cómo llegó Gilles Lellouche al proyecto?
Éric Tolédano: Desde el principio, nos lo imaginamos en la piel del animador de la fiesta. Gilles forma parte de estos actores que nosotros apreciamos particularmente ya que pasa fácilmente de un registro al otro. Ahora bien, para nosotros, él encarnaba perfectamente este tipo un poco frágil cuyo sueño habría sido seguramente vivir bajo los proyectores pero que, al final, colecciona bodas. Tenemos mucha ternura y afecto por estos personajes que se dejan a veces un poco ser llevados por su papel y que tienen una verdad y una retrospectiva muy aproximativa sobre ellos mismos.
Olivier Nakache: Este personaje parte de un cliché. La ventaja, es que se le identifica inmediatamente a medida que la película avanza, la podemos afinar, aportarle matices. Gilles leyó el guion y en seguida aceptó el proyecto e hizo prueba de una gran disponibilidad. Cuando le pedimos trabajar con un cantante especializado en matrimonios, Se bastasse una canzone, el éxito de Eros Ramazzotti, o Lovely Day de Bill Whiters, lo hizo muy seriamente. Realmente interpretó el papel. Como Benjamin Laverhne, además, quien, después de haber pasado tres horas en la escena de la Comedia-Francesa cada noche llegaba en medio de la noche para actuar a 30 metros de altura aparejado bajo esta enorme bola, una escena complicada...

Es la tercera vez que llaman a Jean-Paul Rouve para tener un papel en sus películas. ¿Qué les gusta tanto de él?
Olivier Nakache: Con Jean-Paul, es una historia a parte. Él tiene un lugar especial en nuestro cine. Nosotros arrancamos con él, él nos presentó a Gérard Depardieu en nuestra primera película, nos permitió existir y avanzar. Además, tuvo el primer papel de Nos Jours Heureux, una película determinante para nosotros, que nos remite a muchas emociones fuertes y que sigue siendo un recuerdo increíble.

¿Qué especificidades hay en filmar una película coral?
Éric Tolédano: El inconveniente, es que cuando los actores disfrutan reunirse, puede rápidamente convertirse en un lugar de recreación y uno tiene que hacerla de gendarme; la ventaja, es la simulación general que circula en el set. Pero lo que es emocionante es dar vida a cada personaje y hacerlo evolucionar para que tenga una función en la historia. Hay algo musical: somos los jefes de orquesta y según la forma en la que evoluciona la película, podemos proponer a los intérpretes agregar una pequeña nota o intentar un solo. Para componer una obra que suene exacta, es necesario crear con cada actor una verdadera relación.
Olivier Nakache: Reunir, en una misma película, universos tan diferentes como aquellos de Vincent Macaigne, de Alban Ivanov, de Jean-Pierre Bacri, de Gilles Lellouche, de Suzanne Clément o de Jean-Paul Rouve es muy motivador. Y todos los días estimulamos a nuestros actores para que la partitura crea creativa y armoniosa.

¿Elaboraron ustedes coreografías con anticipación para filmar al equipo?
Éric Tolédano: Hicimos muchos ensayos y puestas en escena para que cada uno pudiera entrar en el momento correcto, en el lugar correcto. Es necesario proporcionar muchos esfuerzos para que la ilusión funcione y que todos los movimientos parezcan naturales. La única pregunta por hacerse es <<¿acaso es creíble?>> Es verdaderamente éste nuestro caballo de batalla ya que lo que nos place, en tanto que espectadores, es creer desde el primero segundo.
Olivier Nakache: El riesgo, cuando se cuenta una historia que se desarrolla enuna noche y en un lugar preciso, es que se vuelve demasiado teatral. Para evitar esto, hemos debido encontrar, en una misma propiedad, paisajes variados con muchas circulaciones. Así la cámara nunca se encuentra estática, y sus movimientos aportan una energía, una tensión que corre hasta el final de la noche.
Éric Tolédano: Este paisaje lleno de recursos, inspirado de películas como La Règle du jeu o The Party, es casi una puesta en abismo de nuest ros oficios. Algunos tienen el sentimiento de que se habla del séptimo arte a través de El sentido de la fiesta ya que hace eco a este mundo de hormigas que es un rodaje. En el cine, muchas personas preparan los planos tras bastidores para que todo sea lo más bello posible en la pantalla.

¿En dónde filmaron?
Éric Tolédano: En el castillo de Courances, cerca de Fontainebleau. Es una construcción del siglo XVII que perteneció a Luis XIII...
Olivier Nakache:... y que tiene la particularidad de contar, en sus tierras, ¡con 13 fuentes naturales¡ El terreno estando embebido en agua, debimos adaptarnos. Es necesario confesar que este rodaje fue épico ya que el tiempo era demasiado lluvioso y a menudo la pasamos entre gotas. Como un eco de la película, como Max y su equipo, nosotros debimos también adaptarnos, y cada diálogo resonaba en el seno del equipo técnico como un recuerdo, como un estado mental.

La música juega un papel clave en esta película. ¿Cómo la comprendieron ustedes?
Olivier Nakache: Durante todo el proceso de escritura nos confortamos por el jazz de Avishi Cohen. Este tempo y este ritmo tan particular nos inspiraron ya que tiene el aire de ser improvisado pero todo es demasiado trabajado. Esto correspondía bien a la historia que queríamos contar. Este artista nunca había compuesto música para una película pero como nosotros teníamos el deseo de evolucionar hacia otros universos musicales, fuimos a buscarlo a la salida de un concierto para proponerle que se uniera y él accedió en seguida. Era una magnífica sorpresa, un encuentro muy bello.
Éric Tolédano: En efecto, nuestra voluntad siempre fue la de elegir a un artista que viniera a posar su mirada sobre otro trabajo artístico. Ahora bien, el jazz es el género musical que más nos fascina ya que, como en el cine, es necesario que todo el mundo se encuentre sincronizado para hacer que nazca una emoción. El jazz de Avishai Cohen es un verdadero personaje de la película, una música de mezcla, con percusiones, darbouka, contrabajo, piano, todo en un ritmo fuera de norma. Éste ilustraba perfectamente esta fiesta llena de sorpresas y de imprevistos y es en esta idea que nosotros quisimos que la película finalice por un verdadero pedazo musical en el que todo el mundo se encuentre.

Les parece que <> hace falta a veces un poco en el cine francés?
Éric Tolédano: Muchas películas, en efecto, nos cuentan hasta qué punto el mundo es duro, violento y angustiante. Esta película habiendo sido escrita durante el caos que vivimos en el 2015, plantea precisamente esta pregunta: ¿cómo conservar, a pesar de todo, el sentido de la fiesta?